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Una Nueva Semana Mundial del Parto Respetado

Con los lemas “cuidar del nacimiento es también cuidar de las familias” y “Salud es parir libres de violencias”, se anuncia una nueva semana mundial del parto respetado.
Sentimos que una semana al año queda corta para nombrar, debatir y pensar sobre todos los derechos que atañen al parto y las violencias que se ejercen en este ámbito. Cualquier lema incluso se ve superado ampliamente por la realidad que se vive en las salas de parto.
Afortunadamente la solidaridad y la fuerza del movimiento colectivo, logran superar esas limitaciones haciéndose oír en la calle.
Cambiar la forma en que se garantizan derechos y se atiende la salud gineco obstetrica y perinatal en nuestro país, es un paso enorme para la construcción de autonomía en nuestra salud sexual, reproductiva y no reproductiva.

El pasado 17 de mayo la campaña “Mi Parto, Mi decisión”, convocó la primera marcha nacional contra la violencia Gineco obstetrica y neonatal en nuestro país. Este evento marca un predecente histórico para el movimiento (conformado por muchas agrupaciones y colectivos) que hace años se organiza y lucha por los derechos del parto y nacimiento.

En la concentración frente al Congreso de la Nación, se realizó una muestra de fotografía e intervención con flores rojas, que mostraban -con un trabajo artístico impecable- la cruda realidad que vivimos las personas en nuestro país al momento de parir y nacer.
El color rojo fue el elegido como símbolo para representar esta lucha con pañuelos, remeras, banderas y flores.

Parir libres de violencias: ¿Un derecho para todes?

La falta de acceso a la información, el tener que pagar muchísimo dinero no solo en la cobertura médica sino además para “personalizar” la atención con profesionales que prometen respetar las decisiones y el proceso del parto, la falta de un modelo de atención que se base en la evidencia actualizada y respete la autonomía para decidir sobre nuestros cuerpos, hacen que derechos para todos se conviertan en una realidad de privilegios para pocos.

¿De que hablamos cuando decimos “violencia obstetrica”?

La ley 25.485, que prevee la protección integral para, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, tipifica la violencia obstetrica como “aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales”. Es decir que, en primera instancia la violencia obstetrica es una forma de violencia de género, que se ejerce en un ámbito en el cual la persona que es violentada está además en un estado de particular vulneración por su condición(gestante/puerpera) en dónde debería ser cuidada y acompañada mucho más que en cualquier otro momento de su vida.
Por lo tanto, es responsabilidad y obligación del personal de salud garantizar que eso no suceda y no responsabilidad de quienes van a parir.

A este marco legal se le suma la Ley 25.929 “Ley de parto respetado” (la cual declara los derechos de personas con capacidad de gestar y bebes al momento del parto, postparto y nacimiento) pese a que actualmente está vigente al igual que su reglamentación, no prevee ningún tipo de sanción para quienes la incumplen, ni amparo legal para quienes sufren la violencia.
Por el momento no hay información oficial que hable de cuáles son los índices de violencia obstetrica en nuestro país y la posibilidad de denunciarla no va más allá de una instancia administrativa.

Sucede que, esta forma de violencia es aún muy difícil de desarticular ya que implica cuestionar y transformar de raíz una forma de asistencia que sigue considerando al parto humanizado como un “modelo” de atención y al respeto como opción, y no como un derecho humano inherente a todas las personas.
Por otro lado, porque muchas veces se nos intenta convencer de que esas violencias fueron “necesarias” para preservar nuestra vida y la del bebé o incluso que fueron nuestra “culpa” por haber decidido autónomamente sobre ese proceso. Se considera a la gestación y el parto como un proceso patológico y riesgoso del que la persona debe ser salvada justificando cualquier acción para que eso suceda.

No es una, somos miles

En los últimos años, la violencia obstetrica como una violencia institucional sostenida en un modelo médico que nos considera subordinadas de su saber, se ha ido visibilizando cada vez más gracias a qué muchas mujeres – en distintas partes del mundo- difunden sus relatos, denuncian a través de las redes y medios de comunicación y hacen públicas sus experiencias. Esto echa por tierra la idea de que se te trata de experiencias aisladas y da cuenta que estamos frente a una forma de comprender la salud y la sexualidad a nivel sociopolítico.

Maltrato verbal y psicológico, infantilización, mutilación genital rutinaria(episiotomía), intervenciones y prácticas realizadas sin consentimiento que contradicen incluso las recomendaciones respaldadas en evidencia científica actualizada, violación de la privacidad y del secreto profesional, información sesgada, sabotaje a la lactancia humana, prácticas violentas sobre los recién nacidos son solo algunos de los ejemplos del accionar que define a un modelo asistencial; tanto en el ámbito de la salud pública como privada. Y esto no comienza en una consulta obstetrica con un embarazo confirmado, sino mucho antes ya en el ámbito que atiende nuestra salud sexual ginecológica en general.
Es necesario comprender que esta situación actual es producto de múltiples procesos sociohistoricos y culturales qué se sostienen en formas de organización patriarcal y capitalista la cual se beneficia del lucro económico, la medicalizacion y la estandarización de nuestros procesos sexuales. Y que es por lo tanto una realidad social que debe involucrar al conjunto de la sociedad para transformarlo.

Basta de imprimir la violencia sobre nuestros cuerpos

Cómo Doulas, mujeres y madres creemos que es clave poder comprender que esta situación tiene que ser desnaturalizada con urgencia y ser tomada como un problema político y social que atañe a todas las personas que trabajan o intervienen en el ámbito de la salud para dejar de ser considerado un problema solamente de quienes deciden gestar y parir en nuestro país. Y ni hablar de que es el estado quien en primer lugar debe tomar este reclamo como cuestión de política pública.
En primer lugar, porque está situación refleja una cosmovision sobre los procesos sexuales y de salud dónde las mujeres somos subordinadas frente a la institución médica y el personal de salud, quitándonos el derecho a la autonomía y el respeto sobre nuestra sexualidad.
En segundo lugar porque la forma en que entendamos al proceso de la gestación y el nacimiento como sociedad va a implicar la forma en que sean tratadas las mujeres y niñeces, acompañados sus partos y nacimientos y por lo tanto comprendida nuestra salud sexual.
Educar en salud sexual integral, es también aprender y comprender la importancia del respeto al proceso de parto-nacimiento.

Desde nuestro espacio de formación de Doulas, nos sumamos a esta primera movilización -que esperamos sea la primera de muchas más- porque confiamos en que la forma de conquistar nuestros derechos es en las calles y siendo miles. Es parte de la construcción de nuestro rol como Doulas involucrarnos políticamente para seguir siendo parte de esa voz que pretenden acallar y que cada vez más se abre paso como acto de insumisión y soberanía política sobre nuestros cuerpos:

¡Basta de violencia Gineco obstetrica y neonatal!

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Cecilia

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